La búsqueda de inspiración se basa en su propia idea de la belleza, una subjetividad que no deja al observador indiferente.
Pero Paco Berenguer no se conforma con tener observadores. Su arte va más allá. Quiere que el público interactúe con la obra y la incorpore a su vida cotidiana.
Él imagina formas oníricas con las que convivir. Transforma el sueño en realidad con sus propias manos y crea objetos bellos que rompen los límites de la funcionalidad.

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